Para estos días sin clases…

Ésta es la entrada 152 de este blog. El periodo vacacional está por empezar, así que me pareció apropiado redirigir esta entrada a una anterior sobre Matemáticas en vacaciones, en la que proponía algunas actividades (tomen en cuenta que fue escrita antes de la pandemia, así que no todo podrá hacerse en estos momentos).

Para quien vaya a estar en contacto con niños muy pequeños, puede aprovechar para prepararlos para que se enfrenten de una mejor manera a las matemáticas escolares (ojo, sólo prepararlos, no acelerarlos). Escribí tres entradas al respecto, que pueden consultar aquí: uno, dos y tres.

Para quien, en cambio, vaya a estar en contacto con adolescentes y jóvenes nacidos del 2000 en adelante, pueden aprovechar para tratar de entenderlos mejor leyendo lo que escribí sobre la Generación Centennial.

A cargar pila, descansar de las pantallas y prepararnos para el 2021.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

PD1: Aún no he logrado insertar en esta sección un botón que permita seguir el blog… lamento la molestia que implica ir a la página principal para hacerlo.

PD2: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizer

Bajo presión…

Ésta es la entrada 151 de este blog.

Después de compartir en la pasada que llevaba 150 semanas sin dejar de escribir, empecé a sentir la presión por que no fuera hoy el primer miércoles que no supiera qué publicar.

Y pensé en los exámenes con horario restringido que aplicamos a nuestros alumnos, una de cuyas justificaciones es: “deben aprender a hacer las cosas bien y rápido… y a trabajar bajo presión”.

Estoy de acuerdo con que es bueno tener la capacidad de trabajar rápido y bien cuando las condiciones no son ideales, pero… no sé… siento que fuera de la escuela el resultado final de eso que se hace bajo presión puede ser un motivante o un catalizador adecuado para hacerlo bien.

Pero en la escuela tenemos muchos ejemplos de que no es así: el mantener un promedio, cuidar una beca, recibir un premio… a veces no generan el suficiente empuje y claridad mental para hacer las cosas bien. Todo lo contrario, muchos alumnos se bloquean y no logran mostrar lo que saben hacer.

Lo bueno es que poco a poco se van encontrando formas de evaluar más adecuadas, confío en que pronto el pavor a los exámenes de matemáticas quede como dato histórico y los alumnos aprendan y demuestren que aprendieron de formas que los preparen para el futuro, sin amargarles el presente.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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150 semanas sin romper una ventana

Ésta es la entrada 150 de este blog. Para mí las entradas más especiales son las que son múltiplo de nueve (ver por qué aquí), sin embargo, admito que ciento cincuenta es un número que también amerita escribir algo diferente (además de que hoy es fecha nueve: 2/12/2020).

Será una breve reflexión sobre la interpretación que yo le doy a la teoría de las ventanas rotas y cómo me ha servido para publicar cada semana, por lo menos unos cuántos párrafos.

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Agridulce

Ésta es la entrada 149 de este blog. La escribo un día después de la última clase con mis alumnos de este semestre, a quienes conocí a principios de agosto. Ya sólo queda la evaluación final.

Pensando en qué escribir hoy, me di cuenta de que cerrar la última sesión del ciclo fue un momento agridulce.

Me alegra ya poder descansar de la tensión que es la enseñanza virtual.

Pero ya empecé a extrañarlos. Me entristece saber que no los volveré a tener como grupo. Ambos fueron muy buenos grupos. ¡Gracias por todo, chavos! Creo que, a pesar de todo, logramos conectar.

Es bueno que así sean las cosas, sería terrible que fueran agrias todo el tiempo, pero serían demasiado monótonas si fueran dulces todo el tiempo.

Busquemos que así también sean nuestras clases: gran esfuerzo una parte del tiempo, un poco más relajados otra parte, diversión otra…

Como esas golosinas que encabezan esta entrada.

Como la vida, que es un salón de clases gigantesco.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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Sorprendamos con lo contraintuitivo

Ésta es la entrada 148 de este blog. La dedicaré a una breve reflexión sobre lo útil que puede resultar el aprovechar los resultados contraintuitivos para sorprender a nuestros hijos y alumnos y dejarles ver lo conveniente que es aprender procesos matemáticos formales, en vez de sólo dejarse guiar por la intuición o por una interpretación limitada del problema.

Compartiré tres ejemplos:

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De abejas y girasoles

Ésta es la entrada 147 de este blog. La escribo dentro de un remolino de investigación sobre los patrones que podemos encontrar en la naturaleza, para una sesión de un curso que me pidieron dar (¡gracias, Serafín!).

Los hexágonos de los panales de las abejas y las espirales de semillas de los girasoles son mencionados frecuentemente con relación a este tema, pero hay mucho, mucho más.

Compartiré algunas ideas aquí en entradas futuras, hoy sólo dejaré este dato por aquí:

No, las abejas no hacen sus panales de forma hexagonal.

Los hacen redondos, que es la forma más sencilla de generar en la naturaleza

… y el calor los deforma a la configuración física más eficiente para recubrir un espacio: hexágonos.

Y me retiraré lentamente…

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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En caso de duda, vuelve al origen

Ésta es la entrada 146 de este blog. La escribo en semana de evaluación parcial de mis alumnos. No les fue tan bien como yo hubiera esperado, aunque en estos días nada es como esperaríamos.

Tristeando por eso y pensando en qué compartir, se me ocurrió una pequeña idea:

Cuando las enormes responsabilidades y los resultados poco halagadores nos abrumen, volvamos al origen:

¿Por qué decidimos ser docente?

Se me ocurre una interesante respuesta: “porque no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo”.

Quizá, pero creo que todo lo pesado que puede ser se compensa con creces al ver la cara de un alumno cuando por fin entendió algo (cosa que con la virtualidad es mucho más difícil de experimentar… ¡cómo lo extraño, caray!).

Lo que ni la virtualidad puede quitarnos es la capacidad de influir positivamente en un montón de vidas, de maneras insospechadas.

Cuando la labor docente nos abrume… volvamos al origen y recordemos el enorme privilegio que representa.

¡Ánimo!

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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Ejercitación eficiente

Ésta es la entrada 145 de este blog. La dedicaré a una breve reflexión sobre la ejercitación eficiente.

Hace unas semanas les pregunté a mis alumnos por las estrategias que les servían para aprender y muchos mencionaron: practicar.

De acuerdo con eso.

Casi.

Practicar como tal no es suficiente. Es necesario practicar aquello que queremos aprender de una manera que nos lleve a aprenderlo. Si lo hacemos con desgano o mal hecho, no sirve. Tampoco ayuda practicar mucho un tema o tipo de ejercicio, dejando todo lo demás de lado.

De nada sirve dedicar todas las horas de práctica a saltar la cuerda, si al subirnos al ring de box no hemos lanzado ni un sólo golpe, ni siquiera al costal de arena.

¿Cuántos alumnos no nos han dicho al final de un examen: es que no preguntó lo que estudié?

Porque practicaron mucho… pero sólo de lo que les parecía más fácil practicar, no de todo lo que presumiblemente podría ser evaluado. La tentación de hacerlo así es grande, porque se siente que se trabaja “muchísimo”. La decepción es aún más grande, porque los resultados no parecen acordes a la cantidad de trabajo invertida, aunque probablemente sí sean acordes a la estrategia usada al practicar, sin una intención de aprender de forma global todo lo que sería evaluado.

Como profesores y papás conviene que estemos conscientes de esta situación y tratemos de que nuestros alumnos e hijos identifiquen esta “trampa” de: “mucho esfuerzo – pobre resultado”, para evitar caer en ella.

Ayudémosles a comprender cómo diversificar su esfuerzo para lograr un aprendizaje más completo, más eficiente (ver más sobre aprendizaje eficiente, desde el lado del profesor, aquí).

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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¿Cómo estoy buscando conectar y empatizar con mis alumnos?

Ésta es la entrada 144 de este blog. 144 es múltiplo de nueve, número que me gusta más que el resto (ver por qué aquí), por lo que toca escribir sobre algo especial.

Le quedan poco menos de seis semanas de clases a este semestre, así que creo que es un buen momento para compartir aquí lo que he hecho para intentar conectar y empatizar con mis alumnos bajo las peculiares circunstancias que estamos viviendo, por si a alguno de ustedes le sirve mi experiencia, ya sea para continuar o cerrar este periodo, o para abrir el siguiente, que todo indica que seguirá siendo especial.

La entrada va dedicada a mis dos grupos de alumnos actuales (en estricto orden alfabético):

Carola, Chava, Diana Laura, Diana, Gama, Gerardo, Isaac, Juan Pablo, Juanda, Karla, Locho, Manuel, Marco, Mariana, Miguel, Ochoa, Orellana, Paco, Pali, Pato, Rodrigo, Rojo y Sofía, del grupo FC10 y a Álvaro, Arturo, Chava, Christian, Coque, Ivana, Mariana, Mauro, Ramsés, Vivian y Xibille, del grupo FC11.

¡Muchas gracias por su paciencia, su entusiasmo, su apertura y sus ganas de aprender y sacar lo mejor de esta situación!

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