Aprovechemos la historia para practicar matemáticas

Ésta es la entrada 139 de este blog. La escribo el día que en México se celebra la Independencia, así que aprovecharé para hacer una sugerencia para los maestros de primaria. No recuerdo si la he hecho antes, pero queda bien hablar de esto hoy:

Cuando enseñemos historia, podemos aprovechar para practicar matemáticas. ¿Hace cuántos años ocurrió esto? ¿Cuántos años duró aquello? ¿Cuál de los personajes históricos tenía más edad cuando ocurrió tal cosa? ¿Qué edad tenía este otro personaje histórico cuando murió? Cuando se tenga el dato de la fecha con mes y día, puede tomarse en cuenta para saber si ya había cumplido años o aún no.

Creo que hacer algo así vuelve más cercana a la historia y sus personajes, la pone en perspectiva, ayuda a imaginar si alguien era muy joven o muy mayor cuando hizo tal o cuál cosa comparando su edad con la de gente que conozcamos.

Por cierto, Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753, por lo que tenía 57 años cuando dio el grito de Dolores, que inició la guerra de la Independencia en México.

José María Morelos, en cambio, nació el 30 de septiembre de 1765, por lo que sólo tenía 45 años ese día. No, esperen, el 16 de septiembre todavía no había cumplido años, así que apenas tenía 44 años, dos semanas después cumplió los 45.

Vaya… no era consciente de la diferencia de edades entre ambos, me las imaginaba más similares. Todos los días se aprende algo nuevo.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

PD: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizer

Los datos de las fechas los obtuve de wikipedia.

Emprendimiento social educativo

Ésta es la entrada 138 de este blog. La escribo el día nueve del mes nueve y el nueve es mi número favorito (ver aquí por qué). Estoy alegre por eso.

Y también porque quiero invitarlos a participar en una charla el día de mañana. Hablaremos de Emprendimiento social educativo, en el que el enfoque está en atender una necesidad básica de una comunidad, de forma sustentable.

Buscaremos romper, en quien lo tenga, el paradigma de que la vocación docente sólo significa estar dentro del aula, dando clases a un grupo. Para ello, compartiré algunas de mis experiencias incursionando en actividades relacionadas con la educación, fuera del aula, y se abrirá un diálogo para escuchar otras ideas y experiencias.

Será un evento gratuito, organizado por Proff Escool, comunidad de crecimiento profesional para docentes.

Pueden inscribirse en este enlace. Me dará mucho gusto “verlos” virtualmente mañana.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

PD: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizer

Mantengamos la guardia en alto

Ésta es la entrada 137 de este blog. La escribo en la quinta semana de las clases que imparto, la segunda de las clases que toman en educación básica y media en México.

Ayer percibí que el “vuelito” que traían mis alumnos comenzaba a perderse. Como que la emoción del inicio del ciclo quedó atrás y la lejanía del fin vuelve más pesada la carga del aprendizaje a distancia.

Por eso comparto hoy esta breve reflexión: mantengamos la guardia en alto, no pensemos que lo que nos funcionó al principio seguirá funcionando todo el ciclo, variemos la forma en la que abordamos las actividades en clase para que la motivación se mantenga arriba, a pesar del cansancio y de las ganas de volver a las clases presenciales.

¿Saben? Confío en que, cuando dejemos por fin las computadoras un poco de lado y volvamos a las aulas, vamos a percibir que tenemos un montón de tiempo libre, dada la impresionante sobrecarga que ahora tenemos.

Mientras tanto, a seguir pastoreando a nuestros alumnos, para llevarlos sanos y salvos al otro lado de este ciclo escolar, bien alimentados de conocimientos y habilidades socioemocionales.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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Algunas veces la lista de pendientes nos rebasa… a todos

Ésta es la entrada 136 de este blog. Tengo un par de ideas sobre las cuales me gustaría escribir, pero será la próxima semana. Hoy la cantidad de asuntos que conlleva la enseñanza virtual me rebasa.

Contemplemos que a nuestros alumnos tampoco les está resultando sencillo y seamos comprensivos con la carga que les asignamos; de nada sirve que les pidamos un montón de tarea si la harán bajo presión y sin aprender.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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Solo aprende quien quiere aprender

Ésta es la entrada 135 de este blog. 135 es múltiplo de 9, número que me gusta más que todos los demás (ver aquí por qué), así que la dedicaré a algo especial: reflexionar brevemente sobre una frase que acaba de surgir en una conversación con una amiga y que encabeza esta entrada (¡gracias, Irma, por la idea!)

Creo que la frase se explica por sí sola.

Pudiera pensarse que hay algunos aprendizajes que se consiguen sin propiamente quererlo, como que el fuego quema, pero incluso podemos negarnos a aprender eso, creyendo que nos quemamos por alguna otra razón, no por el fuego.

Así que tengamos en mente esa frase cuando nos veamos en la necesidad de aprender nuevas estrategias para la enseñanza a distancia. Sólo si queremos aprenderlas, lo haremos.

Y tengamos aún más presente la frase cuando estemos en nuestras clases virtuales, viendo el montón de caritas en la cuadrícula del monitor. ¿Cuántos de ellos quieren aprender lo que queremos enseñarles? ¿Cómo podemos hacer que todos quieran aprender? Unos minutos invertidos en motivarlos pueden salvar la clase.

Ya teníamos un gran reto.

El reto creció.

Crezcamos con él.

Busquemos que nuestros hijos y alumnos quieran aprender.

Y acompañémoslos a aprender, que es como yo veo a nuestra labor (ver más aquí)

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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134.44… se redondea como 133

Ésta es la entrada 134 de este blog. La dedicaré a una breve reflexión sobre cómo puede llegar a malinterpretarse una típica instrucción que parece completamente clara cuando la damos a nuestros alumnos:

De 0 a 4 se redondea hacia abajo y de 5 a 9 se redondea hacia arriba.

¿Clarísimo, verdad?

Después ponemos un ejercicio en el que varios alumnos responden:

–166.66…  se redondea como 167

Emocionados por el éxito de nuestra clase, ponemos el siguiente ejercicio y un alumno nos contesta:

–134.44… se redondea como 133

–¡¡¿¿Cómo??!! ¿De dónde sacaste esa idea? –preguntamos, tratando de conservar la calma.

El alumno contesta muy seguro de sí mismo:

–Si el número en la posición en la que voy a redondear es seguido de un número de 5 a 9, entonces se redondea “hacia arriba” y pongo el número siguiente: 166.66… se redondea como 167.

Hasta ahí parece ir todo bien, pensamos. El alumno continúa:

–Pero si el número en la posición en la que voy a redondear es seguido de un número del 0 al 4, entonces se redondea “hacia abajo” y pongo el número anterior: 134.44… se redondea como 133.

Con eso descubrimos dónde estuvo la malinterpretación:

“Redondear” NO es tomar el número que está en la posición de redondeo y cambiarlo por el siguiente número más grande o más chico. Redondear es expresar un número de una forma más corta, de tal manera que el nuevo número sea lo más cercano al original.

El número entero más cercano a 134.44…  es 134, que está “hacia abajo” del 134.44…

El número entero más cercano a 166.66… es 167, que está “hacia arriba” del 166.66…

Un valor redondeado, como la piedra redondeada de la imagen que encabeza esta entrada, es más suave de comprender, más sencillo de manejar y, regularmente, suficientemente exacto como para trabajar con él en vez de con el número original.

Considero que es buena idea que los alumnos nos expliquen los procedimientos que están siguiendo, para darnos cuenta de cómo comprendieron lo que pretendemos que aprendan. Para captar malinterpretaciones como la que expongo aquí (que no me inventé, me ocurrió ayer durante la clase), los ejemplos exhaustivos pueden ser una buena idea (ver más aquí).

Si quieren leer más sobre estimaciones, redondeos y truncamientos, pueden consultar aquí.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

PD: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizer

¡Con toda la actitud! (positiva, por supuesto)

Ésta es la entrada 133 de este blog. En la universidad donde doy clases el ciclo escolar terminó, también el curso y las vacaciones de verano… Esta semana iniciamos el nuevo semestre, a distancia porque el bicho no se ha ido, ni parece quererse ir pronto.

Es muy diferente cambiar de presencial a virtual de forma emergente, a medio semestre, conociendo a tus alumnos, a arrancar un semestre on line, sin conocer en persona a los estudiantes.

En mi caso, muchachos que jamás habían pisado un aula universitaria y que proceden de muy distintos ambientes escolares, con diferencias importantes en los conocimientos con los que llegan.

Será toda una aventura nivelarlos en cuanto a matemáticas y prepararlos para que comprendan la modelación matemática de los conceptos administrativos que requerirán en sus carreras (de eso trata mi materia).

¡Bienvenidos, muchachos! Sí, hay razones para estar apachurrados. Pero también las hay para echarle todas las ganas del mundo a este semestre.

Lo mismo va para todos los que están por iniciar clases y para los que continúan el ciclo que empezó en enero, alumnos, profesores y papás.

¡Hagámoslo con toda la actitud positiva!

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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Hagamos explícito lo implícito y consciente lo intuitivo

Ésta es la entrada 132 de este blog. La reflexión de hoy gira en torno a una frase que acabo de leer en el libro: “Construir matemática” de Horacio Cárdenas. El subtítulo del libro es “Experiencias desde el aula”; relata justo eso, experiencias que vivió el autor en diversas aulas de la escuela primaria en Buenos Aires, Argentina, al enseñar matemáticas.

Muy interesante.

El autor reflexiona que, si queremos que los niños aprendan verdaderamente algo después de haber realizado una actividad correctamente, es responsabilidad del profesor hacer explícito lo implícito y consciente lo intuitivo.

Antes de seguir les comento algo: en más de una ocasión la búsqueda de imágenes para encabezar el blog me ha ayudado a encontrar nuevos aspectos del tema a tratar.

Para esta entrada busqué imágenes con la palabra abrir, y, al ver ese cacahuate a medio pelar (así lo conocemos en México), pensé en relacionarlo metafóricamente con lo que pasa con los conocimientos que desarrollan los niños al hacer matemáticas.

Si resuelven el ejercicio bien y dejamos hasta ahí la actividad, el éxito obtenido es como un cacahuate sin pelar del que sólo vemos lo de afuera. Está ahí, pero no alimenta.

Si orientamos la reflexión de nuestros hijos y alumnos para que, por ellos mismos, descubran y describan (hagan explícito) cuál fue el proceso que los llevó a resolver el ejercicio de tal o cual manera, es como si quitáramos la cáscara dura y gruesa del cacahuate. Ya podemos comerlo, pero quizá sea preferible seguir pelándolo.

Si, además, logramos que el mismo alumno encuentre otras formas de usar ese conocimiento en otro contexto (sean conscientes de las diversas aplicaciones del mismo), entonces será como quitar la cáscara frágil y delgada del cacahuate y llegar hasta la esencia de lo que pretendíamos que aprendiera. Hasta lo que ya nos nutre, con mejor sabor por no tener la cáscara delgada (que es un poco amarga).

¿Cuál de las dos capas será más difícil de quitar? Considero que es complejo lograr que los alumnos expresen lo que hicieron. Lograr que lo extrapolen puede serlo también, pero, si ya lo expresaron, ya avanzaron un buen tramo en el sentido correcto.

Confío en no estar rompiendo con lo que yo misma escribí la semana pasada sobre el cuidado que debemos tener al contar historias, y que esta breve y un poco forzada “historia” de la adquisición del conocimiento, vista como pelar un cacahuate, les ayude a recordar la frase cuando estén ante la solución de un ejercicio, dada por un niño, que representa un salto conceptual para él (es algo que nunca había visto antes):

Hagamos explícito lo implícito y consciente lo intuitivo

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

PD: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizerHa

Contemos historias

Ésta es la entrada 131 de este blog. 131 es un simpático primo capicúa (ver más sobre números primos aquí y sobre capicúas aquí).

Quiero compartirles que en estos días se publicó un libro con relatos cortos relacionados con la cuarentena. Se hizo una convocatoria en los países hispanoparlantes, buscando 100 relatos que hablaran sobre el manejo de la incertidumbre, como un homenaje al Decamerón y sus 100 relatos sobre la peste en Italia en el siglo XIV.

Participé y quedé dentro del libro, pueden leer el relato en la página 105, se llama “Aunque la puerta está abierta”.

Contar historias ha sido importante para la humanidad desde siempre.

Al contarle historias a nuestros alumnos, les generamos emociones.

Y las emociones son el pegamento de la memoria.

Sólo cuidemos que lo que narremos se refiera a la historia del descubrimiento de los conceptos matemáticos, o a su aplicación. En mi opinión personal, contar historias dentro de un algoritmo matemático puede resultar contraproducente, porque lo que recuerdan es el relato, no la razón matemática para hacer tal o cual cosa.

“El uno es muy pequeño para que se le pueda restar un dos, entonces va y le pide prestado a su vecino, pero le queda a deber, entonces…”

No, por favor… Existen mejores maneras de explicar la resta con transformación (ver aquí)

Contemos historias que ayuden. Evitemos las historias que confunden.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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