8 años y un cubo

Esta es la entrada 419 de este blog. La escribo 4 días después de que se cumplieron ¡8! años escribiendo casi cada miércoles. Y también la semana que decidí reencontrarme con el cubo Rubik por enésima vez en mi vida. Por cierto, 8 es es cubo de 2, hablando de relaciones numéricas interesantes.

Seré hábil para algunas cosas, pero la ubicación y la percepción espacial no son mi fuerte. Antes de que existiera Google Maps y iba para todas partes (incluso dentro de mi ciudad) con un mapa en papel en la guantera. Y los ejercicios de imaginarte un objeto en tercera dimensión a partir de sus caras me costaban mucho esfuerzo y concentración.

Así que mis reiterados intentos de aprender a «resolver» el cubo Rubik no pasaron de una única cara. Cuando mis hijos tuvieron edad me dije que aprendería para enseñarles y… aprendieron antes que yo y lo dejé por la paz nuevamente.

Hasta la semana pasada en la que le regalé a una niña del internado al que apoyo uno y le dije que «competiríamos» para ver quién aprende a resolverlo completo.

El fin de semana le dediqué algunos momentos a revisar tutoriales en YouTube. Descubrí lo siguiente:

-La nomenclatura de los movimientos es relativamente universal y es necesario practicarla mucho para que salga en automático usando un par de dedos nada más.

-Los algoritmos cambian dependiendo de a quién le preguntes. Entiendo que hay unos más eficientes que otros, pero…

-TODOS los tutoriales que he encontrado en YouTube se centran en decirte cómo resolverlo lo más rápidamente posible, aunque yo lo que quiero es ¡entender! cómo funciona… ¿por qué cuando hago cierto algoritmo una esquina se reacomoda «mágicamente»?

-Porque yo no funciono siguiendo algoritmos, mi mente ansía saber el «por qué» de todo (es la brújula que siempre ha guiado este blog, explicar los por qué de los procedimientos matemáticos que se enseñan en la escuela).

-Necesito ponerme a averiguar por mí misma esos por qué, pero es tan hipnótico el moverle y que todo se «desacomode» que… me está costando. Al final de cada día le pido a mi hija que me lo arme y al día siguiente reintento entender la lógica de qué se va para dónde cuando se hace qué combinación de movimientos.

Recuerden: no me interesa aprender a resolverlo rápido, me interesa aprender a resolverlo entendiendo lo que estoy haciendo. Y creo que la niña del internado es de las mías, así que vamos más o menos igual en nuestro aprendizaje: una cara.

Confío en que esta vez sí llegaré hasta el final en esta aventura de aprender a «resolver» el Rubik de 3×3. Ya voy sintiendo cómo algunas neuronas que tenía dormidas están despertando, así que el esfuerzo está sirviendo.

Les mantendré informados.

¡Feliz día Internacional de LEGO hoy y de los Rompecabezas mañana!

¡Hasta el siguiente miércoles!

PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.

Cuatro uno ocho

Esta es la entrada 418 de este blog. Mi reflexión de hoy es la siguiente:

Siempre he creído que las matemáticas se construyen una capa de conocimiento sobre otra, como una pared de ladrillos, y que, si una capa no se coloca adecuadamente, es muy complejo aprender lo que sigue, colocar la siguiente capa.

También había leído por ahí que no siempre era el caso, al menos no por completo, y ayer me topé con un ejemplo.

De las niñas con las que trabajo hay una que no sabe leer un número que contenga centenas… quizá ni siquiera uno con decenas, lo voy a revisar hoy.

Aún sin tener ese conocimiento, es perfectamente capaz de sumar, por ejemplo, 129 + 289 y llegar a 418, poniendo los 1 arriba de la siguiente posición cuando la suma se pasa de 9, aunque al leer la respuesta dirá «cuatro uno ocho». O sea, mecanizó el proceso sin entenderlo… al grado que una suma que estaba haciendo cuyo resultado tenía unidades de millar no supo qué hacer con ese 1.

Si la maestra le pone una hoja de ejercicios para entregar sin pedirle que lea los resultados, esta niña puede sacar una calificación perfecta sin que su conocimiento sea «perfecto».

A respirar profundo y buscar que aprenda a leer cantidades y también que comprenda lo que significa «llevar uno».

Concluyendo: sí se pueden mecanizar nuevos conocimientos sin haber dominado los anteriores, solo que serán conocimientos frágiles, que no soportan bien los «casos especiales» y que no serán una buena base para soportar los siguientes conocimientos, formándose un «círculo vicioso».

¡Hasta el siguiente miércoles!

PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.

Leer un dado

Esta es la entrada 417 de este blog. La escribo un día después de que volví a trabajar/jugar/aprender/enseñar al internado de niñas al que he estado yendo estos últimos meses.

Cargué mi mochila con algunos materiales sin saber muy bien cómo las encontraría… «Cloro de invierno» a todo lo que daba, tanto académica como física y emocionalmente. O sea, en plena readaptación a levantarse temprano para ir a la escuela, a vivir en el internado y a estudiar después de varias semanas sin hacerlo.

Opté por unas actividades sencillas de sumas con dos dados con las medianitas, «forzándolas» primero a identificar cuál era el dado mayor para sumar a partir de ahí, dado que una diferencia importante en el futuro matemático de una persona es la estrategia que usan para sumar en sus primeros años escolares. Al aprender a sumar las personas pasan por varias etapas, y lo ideal es que acaben por saberse de memoria o ser capaces de calcular flexiblemente los resultados de las sumas más básicas, pero justo el paso anterior es sumar «a partir del mayor». Es decir, que si van a sumar 2 + 5 piensen: 5, 6, 7 y no 2, 3, 4, 5, 6, 7 o, peor aún, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 (que sería el paso inicial, necesario pero que debe superarse pronto). Ver más sobre sentido numérico aquí.

Como vi que todavía no tenían integrada esa estrategia para sumar, la actividad inició analizando parejas de dados para identificar el de mayor cantidad y ya después pasamos a la etapa de sumar. Usé un cubilete, les encanta.

Cuando trabajé con las más grandecitas, también hicimos lo de identificar el mayor como actividad previa a sumar, porque me di cuenta de que algunas no lo dominaban.

Y cuando trabajé con las más pequeñitas… me di cuenta con tristeza que unas de ellas, de 6 años, no sabían leer los dados. Lo veían y me decían cualquier número al azar, o contaban los puntos cada vez sin identificar el patrón. «Subitizar» (identificar una cantidad pequeña sin contar) no está entre sus habilidades… todavía.

Entonces lo que hice fue poner en la mesa el montón de dados, todos con distintas caras hacia arriba y pedirles que «extrajeran» algunos unos, luego algunos dos y así hasta el seis. Poco a poco comenzaron a distinguir los patrones de puntos… cuando regrese lo retomaré con ellas, confío en que pronto podremos pasar a las sumas.

La reflexión de hoy es: iniciar con una actividad que se calcule que pueda ser realizada por nuestros hijos/alumnos y bajar/subir el grado de dificultad según se necesite, sin aferrarnos a la idea original. Que el objetivo sea lograr aprendizaje a partir de su situación real, no realizar una actividad específica. Ver más sobre actividades de «piso bajo y techo alto» aquí.

¡Hasta el siguiente miércoles!

PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.

Divagando

Esta es la entrada 416 de este blog. 416 es un número MUY múltiplo de 2, o sea, su descomposición factorial es 2 x 2 x 2 x 2 x 2 x 13. En ese sentido podríamos decir que este 2026 es «poco múltiplo de 2», porque solo es 2 x 1013… Vaya que a veces los números nos permiten hacer divagaciones raras. A propósito de divagaciones, esta entrada también se escribe en la primer «fecha 9» del 2026: 07/01/2026 -> 0+7+0+1+2+0+2+0+6=18 -> 1+8=9 y el 9 es un número que me gusta más que los demás (ver por qué aquí), así que hay muchas razones para que sea especial.

Divagar es un gran ejercicio mental… jugar con las ideas, conectar aquello que no pareciera tener conexión, identificar características en los objetos o ideas que normalmente no se analizan (como si un número es MUY múltiplo de 2), nos puede llevar a descubrir caminos de acción para algo que no sabemos muy bien cómo afrontar.

Así me encuentro este inicio del 2026, divagando un poco para dar con los mejores caminos para apoyar «académicamente» a la niñez vulnerable y a quienes la atienden para que tengan más oportunidades de salir adelante. Las comillas son necesarias porque mi objetivo no es que les vaya mejor en la escuela, sino en la vida. Acompañarlos mientras aprenden a pensar usando un pensamiento lógico matemático y un sentido numérico más desarrollado con base en el juego. Mas que calificaciones perfectas, me interesa que puedan elegir el oficio o la carrera que deseen, sabiendo que pueden estudiarla sin importar si tiene números o no; que tengan herramientas para tomar mejores decisiones y que sean más difíciles de engañar.

Divaguemos y encontremos buenos caminos para que este sea un gran 2026

¡Hasta el siguiente miércoles!

PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.