Esta es la entrada triple 428, 429 y 430 de este blog. Las últimas dos semanas fueron de vacaciones escolares en México, por lo que opté por no escribir. La dedicaré a una breve descripción sobre cómo he entendido la discalculia después de ponerme a revisar enormes cantidades de información al respecto:
La discalculia se puede entender como un cableado ligeramente distinto en el cerebro, que se muestra como una dificultad para realizar ciertas acciones que se consideran «hacer matemáticas».
Para un discalcúlico puede ser difícil subitizar, esto es, distinguir cantidades pequeñas sin contarlas (y saber en qué grupo hay más), relacionar un numeral con la cantidad que representa (y compararlo con otro), escribir cantidades organizadamente, hacer operaciones aritméticas sin usar los dedos, relacionar el operador matemático con su significado, memorizar hechos numéricos (como las tablas de sumar y multiplicar).
También seguir procedimientos largos y/o complejos, estimar y verificar sus resultados, entender y usar la recta numérica, leer el reloj analógico, entender el dinero y… la ubicación espacial.
No a todos les pasa todo. Yo, por ejemplo, puedo considerarme discalcúlica con respecto a la orientación. Suelo decir que me extirparon la paloma mensajera al nacer, porque me pierdo con gran facilidad. Seguir un mapa como el que encabeza esta entrada puede ser todo un reto para mí, aunque esforzándome lo suficiente lo logro.
En general, la atención a la discalculia se centra en la paciencia. Puede ser suficiente abordarlo con las mismas actividades que se harían con un niño no discalcúlico, solo que mucho más lento y con muchas más repeticiones y explicaciones intencionadas. Ayudan los enfoques multisensoriales, ir de lo concreto a lo pictórico antes de llegar a lo abstracto, poner en contexto y enfocar en la comprensión, no en la memorización.
Si se considera necesario, se pueden apoyar las actividades matemáticas con ayudas visuales presentes (las tablas de sumar y multiplicar, formularios, procedimientos) que liberen la memoria de trabajo para resolver situaciones complejas planteadas.
Elegí el mapa para encabezar la entrada porque ilustra otro de los caminos para atender a un estudiante discalcúlico: ayudarle a rodear para llegar a hacer lo que se le plantea usando lo que sí tiene la habilidad para hacer, cuando otra persona con otras habilidades lo haría mucho más directo y rápido.
Estadísticamente hay tantos niños discalcúlicos como disléxicos, solo que se diagnostican menos porque los papás y maestros pueden quedarse en «le cuestan las matemáticas, como a mucha gente», cuando realmente es un cableado distinto que sí, hace que le cuesten las matemáticas, pero no igual ni por las mismas razones que a otras personas.
Confío en que poco a poco se vaya conociendo más sobre el tema y se atienda más y mejor, como ya se hace con la dislexia, que suele preocuparles más a papás y maestros cuando la detectan. Eso ayudará mucho a lo que me ilusiona lograr: que cada vez más personas se lleven mejor con las matemáticas.
Muchas gracias, Marifer, por llamar mi atención sobre este tema. Lo que he aprendido me ayudará mucho a dar un mejor apoyo a la niñez vulnerable que pueda presentar esta condición.
¡Hasta el siguiente miércoles!
PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.
