Simplifiquemos… literalmente

Ésta es la entrada 158 de este blog. Comparto hoy una breve reflexión sobre algo que observé al apoyar a una jovencita para estudiar matemáticas (primero de secundaria) hace un par de días.

El profesor le pidió practicar con ejercicios como estos:

(1/2)^2 – (2/4)^3=

((3/9)^2)^3

En mi opinión, a no ser que se trate de un ejercicio de simplificación de una fracción, en el que se da una única fracción para ser simplificada, los ejercicios que proporcionamos a los alumnos deben contar con todas sus fracciones simplificadas.

Por dos razones:

**A los alumnos les queda más claro que esa es la forma correcta de representar una fracción

**Se concentran en la operación trabajando con números pequeños, en vez de tener que lidiar a la vez con un algoritmo complejo y con números grandes.

Claro que podría pedírseles que simplificaran primero, pero… no estoy tan segura de que sea una buena idea. Quizá con algunos ejercicios específicos en los que se busque evaluar distintos conocimientos y habilidades con respecto a las fracciones, mezclados, sería una buena idea, pero me parece que no era el caso. Porque la jovencita no estaba simplificando antes de operar, el profesor no parecía haberles orientado para hacerlo. De hecho ella cometió un error justo por estar trabajando con números tan grandes.

Sugiero que elijamos y diseñemos ejercicios con intenciones muy claras, mezclando habilidades y conocimientos sólo cuando sea adecuado, ya que consideremos que individualmente se han afianzado en nuestros alumnos adecuadamente.

Simplifiquemos las fracciones y simplifiquémonos la vida.

Nuestros alumnos y nosotros la pasaremos mejor.

¡Hasta el siguiente miércoles!

Rebeca

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