¡450¡

Esta es la entrada 450 de este blog. Es un hito importante porque es un número múltiplo de 10, de 50, y de ¡9!, entre otros. Y ya saben que 9 es mi número favorito (ver por qué aquí), así que toca… agradecer.

Agradecer por la oportunidad de seguir escribiendo estas reflexiones 450 semanas después de que inicié esta aventura.

Agradecer por la oportunidad de seguir apoyando a quien apoya a la niñez vulnerable. Simon Sinek, uno de mis referentes, dice que no hay nada mejor en la vida que servir a quien sirve a otros y así me gusta vivir, dándole herramientas a quien las puede aprovechar para ayudar a otros a estar mejor.

Hoy, por ejemplo, llevé una bolsa con unos cuantos juegos de mesa básicos a un lugar que he estado visitando. Iba un par de «memoramas», como se le conoce en México al juego de encontrar parejas de cartas que están revueltas boca abajo.

Ayer abrí el paquete para separar las cartas entre sí, porque muchas veces las fábricas entregan las planillas completas para que uno las separe, porque así el proceso de producción y empaque es más eficiente. Me acordé del montón de veces que de niña separé algunas cartas de algún juego de mesa.

Llevaba varias ideas para aprovechar los pares de cartas más allá de memorizar su localización para encontrar la mayor cantidad de pares posible. Una era mezclar las cartas boca arriba, separarlas un poco y hacer la búsqueda de pares arrebatadamente. Otra era clasificar las cartas por distintos criterios (colores dominantes, tipos de animales, tipos de animación -había distintos-). Otra era repartir las cartas entre varios e ir robando unos a otros y bajando pares (como un «vete a la pesca», pero solo con pares)… Mi mente se aloca cuando se trata de encontrar actividades de desarrollo cognitivo con un material que tengo enfrente.

Solo que, mientras le mostraba a uno de los chavitos el juego, me dijo que nunca había jugado algo así.

15 años de edad aproximadamente y la vida nunca le había dado la oportunidad de jugar «memorama».

«Hice de tripas corazón» para que no me doliera tanto la situación y poder concentrarme en enseñarle a jugar la forma básica. Ya habrá oportunidad de enseñarle nuevas formas. Así me la vivo, sobreponiéndome a las situaciones fuertes que veo para enfocarme en cómo mejorarlas.

Por eso la imagen que encabeza esta entrada es un corazón desquebrajado… que brilla por dentro.

Confío en poder seguir enfrentando muchas situaciones de desquebrajamiento de corazón seguido de la enorme sonrisa de los encargados de atender a estos niños y niñas vulnerables cuando van entendiendo cómo intencionar las actividades y aprovechar los materiales que tienen a la mano.

Gracias, gracias, gracias a todos los que han estado por aquí apoyándome algunas o muchas de estas 450 semanas.

¡Hasta el siguiente miércoles!

PD: Quiero agradecer a esta página en la que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay.