El dolor es inevitable, el sufrimiento es ¿opcional?

Ésta es la entrada 117 de este blog. 117 es múltiplo de 9, que es mi número favorito, así que toca publicar algo especial.

Hace tiempo comenzó un periodo complejo en mi vida, que aún continua, aunque diferente; por aquellas fechas escribí el texto que compartiré a continuación. La idea era que se publicara en otro medio, pero no fue posible, así que hoy, que estamos pasando por esta situación tan peculiar, decidí que es un buen momento para publicarlo aquí.

Lo compartiré casi como lo escribí originalmente, pero, para alinearlo con la idea general del blog agregaré aquí unas líneas:

Aprender matemáticas implica esfuerzo, puede doler, pero no tiene por qué ser un sufrimiento constante; está en las manos de papás y profesores ayudar a los niños para que no lo sea.

¡Ayudemos!

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

La frase no es mía, se le atribuye a Buda y se refiere a que, cuando algo poco agradable, incluso malo, nos sucede, es normal, lógico, inevitable, incluso necesario, que nos duela. Sin embargo el sufrimiento es algo que nosotros elegimos vivir o evitar.

Lo que yo le agregué en el título de la entrada son los signos de interrogación, pues, si bien es una frase que me viene a la mente de vez en cuando, creo que reflexionar un poco sobre ella es mejor que tomarla literal.

El dolor físico es una sensación molesta en alguna parte del cuerpo, provocada por causas internas o externas. Puede sentirse de forma más o menos intensa, según nuestra tolerancia. Es necesario que nos duela el cuerpo cuando nos hacemos una herida o tenemos una enfermedad, porque es la forma de enterarnos de que algo anda mal y debemos atenderlo.

El dolor emocional, por su parte, es provocado por una ausencia, un maltrato, una traición, entre otras circunstancias. Cada persona puede sentirlo de forma más o menos intensa, según su historia de vida. También es necesario que sintamos el dolor emocional, para identificar las personas y situaciones que no nos hacen bien. Y tomar decisiones al respecto.

El sufrimiento, en cambio, puede considerarse como una forma de vivir el dolor, que suaviza o intensifica sus efectos sobre nosotros. A la luz de la frase de Buda, sufrir es una elección.

Lo que me llevó a poner los signos de interrogación no es el rebelarme ante la frase en sí, sino el presentimiento de que, quizá, no debería tomarla tan literal… ni yo ni nadie.

Brené Brown señala en sus libros y conferencias que, según sus investigaciones, las personas no pueden insensibilizarse a lo negativo sin insensibilizarse al mismo tiempo a lo positivo. Esto es, el proceso de pensamiento que te pone una coraza para evitar lastimarte con las experiencias desagradables, te impide a la vez disfrutar de las experiencias agradables. Claro que puedes intentar vivir poniéndote y quitándote la coraza según la situación, pero ya lo he intentado y no es nada sencillo, desgasta mucho. Lo que funciona mejor es vivir sin la coraza y aprender a manejar las experiencias desagradables de forma tal que lastimen menos y te ayuden a crecer. Como dicen por ahí: lo que no te mata, te hace más fuerte. Ni Brené ni yo creemos que sea sencillo, pero sí creemos que vale cada gramo de esfuerzo que pongamos en ello.

Porque, como menciona Odin Dupeyron, no somos piedras y eso es algo que debemos agradecer siempre. Somos personas, seres vivos que sienten, ríen, lloran, se caen, se levantan… Está bien sufrir por el tiempo y con la intensidad necesarios para salir fortalecidos.

Es importante reconocer que llevar a cabo cualquier proyecto que sea realmente relevante implica comerte más de un sh*t sándwich, como nos explica Liz Gilbert; siempre habrá aspectos inherentes al logro de nuestros objetivos que no nos agraden. Entrenar para un maratón hace que te duelan músculos que no sabías que tenías. Escribir y reescribir desde cero un texto como éste puede ser frustrante. La experiencia no necesita ser propiamente dolorosa para que acabes sufriéndola, si así lo decides. La ventaja en este caso es que este sufrimiento sí que puedes evitarlo, porque si tu meta es suficientemente importante para ti, dolerá mientras avances, pero no sufrirás tanto.

Por otro lado, coincido con Mihaly Csikszentmihalyi: no fluir duele. Esto es, no hacer lo que vinimos a hacer a este mundo es doloroso. Mucho más que hacerlo, a pesar de los diferentes sándwiches que sea necesario comernos en el proceso.

Vaya, parece que estamos en un callejón sin salida en el que sentiremos dolor de una u otra forma. Se comprende entonces la importancia de la frase de Buda: estar en este mundo va a doler, tú decides qué tanto sufres.

Antes de angustiarse de más, consideren esta otra idea de Liz Gilbert: quizá nuestra misión en este mundo no está clara hoy, ni llegue a estar clara nunca, pero buscarla constante pero tranquilamente, con curiosidad, sin ansiedad, es suficiente para que el dolor de no conocerla se minimice.

Teniendo en cuenta que está en nuestras manos la elección de si sufrimos o no y cuánto, surge ahora una pregunta: ¿por qué algunas personas sufren más que otras, ante los mismos acontecimientos?

Porque sufrir tiene sus ventajas.

El que sufre llama la atención de los demás, incluso de aquellos que lo ignoraban antes y de quienes anhelaba que le hicieran caso. Puede obtener ciertos privilegios, sentirse más importante que los otros o evitar el aceptar alguna realidad. También puede evadir ciertas conversaciones y responsabilidades; para él es más sencillo seguir sufriendo que enfrentar el sufrimiento y superarlo.

La manera como vivimos nuestra niñez nos hace más proclives a reaccionar de una u otra forma ante el dolor y su correspondiente sufrimiento. Sin embargo, como adultos podemos, más bien debemos, hacernos responsables de trabajar en mejorar nuestra resiliencia, que, para Borys Cyrulnik, es la capacidad de reiniciarse después de un trauma. Para desarrollarla, es útil tener un autoconcepto positivo, relaciones interpersonales enriquecedoras y que se viva en una cultura resiliente.

Cuando nos enfrentamos a una situación dolorosa, podemos buscar salir de ella lastimando a otros, o podemos desafiar al sufrimiento, recuperarnos y, aún más, evitar que otros sufran lo que nosotros sufrimos. Podemos incluso volvernos altruistas. Es importante aceptar que ocurrió algo doloroso, pero que eso no signifique resignarse a que va a continuar ocurriendo. Necesitamos evitar seguir representando en nuestra mente la situación que causó dolor, reviviéndolo al intentar averiguar por qué pasó. Es mejor esperar. Más adelante, ya tranquilos, entenderemos para qué pasó.

Necesitamos, de forma indispensable, perdonar.

Para evitar el dolor físico, podemos prescindir de ponernos en riesgo de sufrirlo, sin embargo eso podría volver nuestra vida muy aburrida. ¿De verdad preferimos no aprender a andar en bicicleta para evitar el riesgo de caernos y que nos duela?

Lo mismo pasa con el dolor emocional. Podemos evitar involucrarnos emocionalmente con los que nos rodean y quizá eso impida que nos lastimen, pero también evitará que formemos con ellos vínculos enriquecedores. No solo será aburrido, también será triste.

En cuanto al sufrimiento, sí podemos hacer algo. No para evitarlo por completo, que ya comenté que no es buena idea, sino para ser capaces de superarlo en un tiempo razonable y habiendo tomado lo bueno de la experiencia.

Por ser mamíferos, nos duele parte de lo que nos pasa. Por ser seres humanos, sufrimos por parte de lo que nos pasa. Busquemos ser seres humanos resilientes, para los que el sufrimiento dura poco.

Después se enjugan las lágrimas, se sacuden el polvo y siguen adelante.

La siguiente vez que te pase algo doloroso, date tiempo para recuperarte. Busca a un amigo que sepas que te va a acompañar empáticamente, déjalo estar a tu lado en el proceso de sanación de la herida y, cuando estés listo, decide dejar de sufrir. Volverás a ser tú poco a poco.

Si tú eres ese amigo a quien alguien más necesita, recuerda que no puedes ayudar desde una posición cómoda, pidiendo a quien sufre que salga de donde está y vaya a donde estás tú. Necesitas bajar a ese sitio oscuro y sin esperanza donde está él, acompañarlo hasta que baje el dolor, disminuya el sufrimiento y puedan salir juntos.

¿No sabes cómo hacerlo? Sólo ten siempre presente esta frase de Maya Angelou:

La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste,

pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir.

Con cariño para todos los lectores, deseando que pronto pase esto y que lo estemos aprovechando para crecer como personas,

Rebeca

Texto escrito con ideas tomadas de:

Brown, Brené, Daring Greatly:  How the Courage to Be Vulnerable Transforms the Way We Live, Love, Parent, and Lead, Avery Publishing Group, 2015.

Csikszentmihalyi, Mihaly, Flow: The Psychology of Optimal Experience, Harper Perennial, 2008.

Cyrulnik, Borys, Los patitos feos: La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, Gedisa Mexicana, 2017.

Dupeyron, Odin, ¡A vivir!, Obra de teatro.

Gilbert, Elizabeth, Big Magic: Creative Living Beyond Fear, Riverhead Books, 2016.

Agradezco los recursos que uso para el blog: pixabay y webresizer

Aún no he logrado insertar en esta sección un botón que permita seguir el blog… lamento la molestia que implica ir a la página principal para hacerlo.

3 comentarios en “El dolor es inevitable, el sufrimiento es ¿opcional?

  1. Muy buen tema por otro el sufrimiento no es tan malo, porque nos ayuda a estar mas unidos, porque si tu a una persona le evitas el sufrimiento lo estas volviendo muy Egoista,y a la vez Indifrente..y eso y a la vez no es para nada bueno..

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  2. Rebe, cómo es de costumbre, muy bien redactado, y coincido con tu forma de hacernos pensar, definitivamente es nuestra elección, todo lo que nos sucede en el día a día es aprendizaje, y de nosotros depende en cómo emplear dicho aprendizaje.
    Este es un tiempo que debemos aprovechar el resultado en todos sentidos y direcciones: profesional, familiar, empresarial, económico, social, etc, etc.
    Y recordar que la aplicación de dicho aprendizaje es única e individual.
    Muchas felicidades por tu blog y gracias por compartir.

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