“Aprender a tu propio ritmo”

Esta es la entrada 195 de este blog. La dedicaré a una breve reflexión sobre una frase que siento que está muy de moda y puede resultar peligrosa:

“Aprende a tu propio ritmo”.

Estoy de acuerdo en que todos tenemos diferentes estilos, ritmos, habilidades, etc. para aprender y estoy de acuerdo en que los profesores debemos tomarlo en cuenta al diseñar nuestras clases.

El peligro que le veo es que podemos perder la referencia de cuál es el ritmo más adecuado para lograr cubrir los objetivos del programa en el tiempo asignado.

“¿Para qué ver todos los temas si no los entendemos a profundidad?” Es algo que me dijeron hace poco. En mi caso, hay varias razones:

–A mis alumnos los evalúan con un examen estandarizado al final del semestre, entonces necesito ver todos los temas para que sea más factible que tengan los conocimientos necesarios para contestar ese examen.

–Todos los conocimientos los van a necesitar en las siguientes materias. Les harán falta si no los abordamos.

–Considero que la profundidad del entendimiento depende más del compromiso del alumno con su aprendizaje que del ritmo que yo le dé a la clase.

Mi estrategia para tratar de “respetar su ritmo” ha sido, en ciertos temas, hacer unos cuantos ejercicios básicos con ellos, llamando la atención sobre todo lo importante, y después pedirles que hagan varios ejercicios contrastados (ver más aquí) en su casa, “a su ritmo”, sin ninguna presión de tiempo de nadie. Durante la siguiente clase los revisamos todos juntos, incluso siguiendo más de un procedimiento de solución, para que no se queden con dudas.

¿Suena lógico y funcional, verdad? Pues no lo es tanto. Algunos se rinden demasiado rápido y se esperan a ver la solución al día siguiente y eso no es bueno.

Por otro lado, la vida tiene, en muchos aspectos, un ritmo que no necesariamente es el nuestro. En algunos casos podemos evitar esos aspectos pero en otros no nos quedará más opción que meternos a la carretera y emparejar nuestra velocidad a la de los que van ahí.

El que la escuela mantenga un buen ritmo ayuda a los alumnos a adquirir la habilidad para acelerar el ritmo en otros ámbitos.

El que la escuela baje constantemente el ritmo para adaptarse al ritmo cada vez más lento de los alumnos, siento yo, puede resultar contraproducente cuando salgan a la “vida real” y todo les parezca que va “demasiado rápido”.

Aquí entran otros componentes, como la motivación y el esfuerzo. Si alguien aprende lento, pero está motivado a esforzarse lo suficiente, logrará aprender tanto o más que alguien que aprende rápido y no se esfuerza ni un poquito.

El caracol de la imagen puede ir lento, pero sigue esforzándose y pronto logrará terminar de subir ese pequeño escalón.

Cierro mi reflexión sugiriendo que busquemos motivar a nuestros alumnos (ver más sobre cómo motivar Centennials aquí) para que, sea cual sea su ritmo, se esfuercen el tiempo necesario para alcanzar no solo las metas del programa, sino sus metas personales.

Hasta el siguiente miércoles.

Rebeca

PD1: Aún no he logrado insertar en esta sección un botón que permita seguir el blog… lamento la molestia que implica ir a la página principal para hacerlo.

PD2: Quiero agradecer a estas páginas en las que me apoyo constantemente para redactar el blog: pixabay y webresizer

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