Reconocer las características de algo nos permite compararlo, en cuanto a esas características, con algo más. Comparar en matemáticas es indispensable. Comparamos formas, tamaños, posiciones, estructuras, etcétera, principalmente para tomar decisiones sobre qué hacer con aquello que comparamos. Si yo fuera ese puntito azul que es la Tierra, llevaría la fiesta en paz con Júpiter, después de comparar mi tamaño con él, por ejemplo.
Dos cosas pueden ser iguales o desiguales entre sí, una puede ser mayor que otra o al revés. Hoy veremos los cuidados que es necesario tener al entender las desigualdades (comparaciones) en aritmética y al resolver desigualdades algebraicas, lineales en una variable (simples y dobles) y graficar esas soluciones, para evitar tener un resbalón con ellas.
Como verán, empezaremos con temas de preescolar y llegaremos hasta secundaria-preparatoria. Así son las matemáticas, todo el conocimiento está ligado, por ello es tan importante tener buenas bases para avanzar a paso firme y enseñar sabiendo hacia dónde vamos.
Agradezco a Casandra por hacerme la pregunta que me inspiró para escribir esta entrada.

En la entrada anterior (ver
He comentado en ocasiones anteriores que las matemáticas son la ciencia del reconocimiento de patrones. También puede considerarse que es una ciencia que nos permite tanto entender el orden de lo que observamos, como explicarlo, mediante cadenas de razonamientos, a través de objetos matemáticos.
Conociendo los cuidados que se deben tener según la estructura de la expresión (ver más sobre sentido de estructura
Como en toda la matemática, conviene que los profesores de cualquier grado escolar tengan una idea acerca de los temas futuros en los que se va a usar lo que están enseñando actualmente a sus alumnos. Así podrán, tanto sembrar buenas semillas en ellos, como evitar los atajos que puedan provocarles problemas más adelante. Por ello, esta entrada parte de lo aritmético y llega a lo algebraico.
Listo, después de aprender sobre el tema la semana anterior, nos hemos vuelto hábiles con las reglas de tres directas e inversas. Ahora nos proponen un problema que parece como de regla de tres, pero no tiene tres, sino ¡cinco! datos. ¿Qué hacemos?
Estamos ante un problema escrito y descubrimos que contamos con tres datos numéricos y un cuarto dato desconocido, que es lo que nos preguntan. ¿Eso por si sólo convierte al problema en uno de regla de tres? No necesariamente, los problemas que pueden resolverse con una regla de tres tienen características especiales. Además, hay de diferentes tipos y cada uno tiene su propia forma de resolverse.
Estoy 100% segura de que hay mucho que se puede decir sobre los porcentajes. ¿Qué significan? ¿Para qué se usan? ¿Cómo se calculan? ¿Qué cuidados debemos tener con ellos?, entre otras.
Ahora explico por qué: buscando alguna idea sobre qué escribir para esta entrada, ¡la número 23 ya! recordé que, durante un torneo de futbol en la universidad, Salvador mencionó que había elegido como número de su uniforme el 23 porque jugaba dos – tres (en México eso significa poco mejor que regular). Así como él lo hizo en ese momento, hay muchas formas de reinterpretar los números, de jugar con ellos, y todas ellas nos permiten desarrollar el sentido numérico, que yo considero el segundo pilar en la buena relación con las matemáticas (ver la primera entrada al respecto